lunes, 4 de octubre de 2010

La conjetura de Perelman

Nadie consiguió solucionarlo en cien años. Ni los más sabios, ni los más preparados. Era una de las suposiciones más anheladas de resolver por genios de cada esquina planetaria. Incluso había una recompensa millonaria estilo “western” para aquel ser de otro mundo capaz de deducirlo.

Ayer venía un impresionante reportaje en “El País” sobre un genio indescifrable llamado Gregory Perelman. Hace ya un siglo, otro iluminado de las matemáticas, un francés llamado Henri Poincare, desarrolló una serie de problemas a los que fue dando solución, desarrollando de esta forma una rama de la ciencia conocida como Topología, que es la ciencia que, básicamente, te explica que entre una taza de café y una rosquilla hay pocas diferencias, o llegando más allá, entre un triángulo y una circunferencia, por el hecho de que uno se puede transformar en el otro, sin necesidad de romperse o rasgarse. El caso es que para uno de los problemas, Poincaire no fue capaz de encontrar solución, concretamente para las cuatro dimensiones, es decir, los objetos dotados de un agujero. Para el común de los mortales, entre los que me encuentro, todo esto nos suena a chino, pero al parecer la resolución de este problema de matemática abstracta permite descubrir la forma del universo, y todo lo que ello supone como es ir encontrando una respuesta a este sinsentido en el que un día nacemos, y entonces nos planteamos ¿quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos?

De niño fui un desastre con las matemáticas, sin embargo, admiro a los matemáticos. Si el mundo fuese lógico, Dios sería matemático. La Biblia y El Corán serían un manual de trigonometría lleno de fórmulas, en lugar de cartas a los corintios o yihad enfurruñadas. Lamentablemente eso no ocurre y usamos el lenguaje de la moral, con lo que ello supone de definir si una cosa es blanca o negra, según ponga el culo en dirección a un lugar para orar. Las matemáticas son el único lenguaje universal, da respuestas a las preguntas, no hay blancos ni negros: o es cierto, o no es cierto; no engaña, no es deshonesta, no existe el blanco y el negro, ni circunloquios, ni eufemismos. Es un lenguaje puro. Por este motivo, Gregory Perelman, un iluminado llegado de otra dimensión, decidió mandar a recoger cebollinos a todo el mundo cuando se apropiaron de su trabajo. Lo peor de todo es que quienes lo intentaron fueron sus propios colegas matemáticos, y fue entonces cuando el mundo para Perelman se derrumbó. De golpe y porrazo lo que consideraba el único oasis honesto de una humanidad deshonesta, el mundo de las matemáticas, se fue al traste. Cuando Perelman resolvió el problema y lo colgó en la red de redes en tres fases, fueron otros los que se abalanzaron como hienas a decir que ellos habían sido los listos de turnos. El mundo perfecto en el que se había refugiado no existía como tal.

Dicen que Perelman vive apartado de todo y de todos junto a su madre, que rechaza los premios que le dan, entre ellos un millón de dólares por resolver la conjetura, que no responde a entrevistas, que lleva el pelo largo, barba y pinta de vagabundo. El otrora violinista que no fue un niño prodigio, como le ocurrió a otros genios, y que desarrolló su genialidad poco a poco y con esfuerzo, dicen ahora que sufre el síndrome de Aspergen, es decir, una falta de comunicación total con el mundo, como lo sufrieron Bobby Fisher o J.D. Salinger. Sin embargo, sus vecinos mantienen lo contrario, que el huraño Perelman sale de casa y es cordial con la gente.

Su maestro Ruksín lo explica en el artículo de “El País”: "Para comprender a Perelman, imagínese que el teorema es como su hijo, que en la infancia pasó por una enfermedad grave, durante la cual no sabía si sobreviviría o no. Mientras no has demostrado el teorema, mientras continúa siendo una conjetura, es como tu hijo enfermo. Y Grisha estuvo junto a la cabecera de ese hijo nueve o 10 años, luchando por su vida y cuidándolo día y noche. Por fin, el niño sanó, creció, es fuerte y hermoso; pero te lo quieren robar y te lo secuestran. Para Grisha fue como un secuestro cuando trataron de apropiarse del resultado de su trabajo. No pudo aceptar que un teorema pudiera ser comprado, vendido o robado".

Lo dicho: el único Dios verdadero y puro ya no existe, también lo matamos... por un millón de dólares.



(está en inglés, pero se entienden algunas cosas... espero les ilumine...)

3 comentarios:

Joaquín dijo...

Muy bonito tu post. Siempre he pensado que ser ateo es jodido, porque es aceptar que el orden y la justicia no existen ni en las ciencias puras. Sólo nos queda ser emjores personas, porque si no los somos nosotros...¿quien? si no es ahora ¿cuando? Que mal me sientan los lunes, voto a brios.

Anónimo dijo...

Querido señor Visedo!

Los problemas matemáticos son una de mis pasiones más secretas. Tienen característica tan hermosa como inquietante (tienen una solución perfecta y exacta) y pueden convertirse en una obsesión deliciosa.

Le sigo en la sombra desde hace tiempo y le deseo una montaña de éxito con "Tchang", y que en esa montaña nunca haya tormentas para que en ella puedan acampar todos sus amigos, que en algunos casos también son míos.

Un abrazo y plas, plas en la espalda.

Rusio dijo...

Curiosamente ha salido una buena novela sobre Perelman, éste es el link http://www.edicionesb.com/catalogo/autor/juan-soto-ivars/896/libro/la-conjetura-de-perelman_2133.html