miércoles, 18 de febrero de 2009

El orgullo de un hombre

Ayer, por pura casualidad, tras estar encerrado horas y horas currando siete días en la feria más elitista, pija y vanguardista del planeta, o sea ARCO, me metí en la página digital de “El País” para ver que se contaba el mundo tras mi ausencia. Tenía vagas esperanzas de encontrar alguna noticia del tipo “meteorito cae sobre Madrid”, o bien, “hordas de zombis salen de sus tumbas y se adentran en sucursales bancarias dando dentelladas a diestro o siniestro”, o mucho mejor, “trípodes marcianos avanzan en dirección al Parque del Oeste, quemando todo lo que encuentran a su paso”, pero no, no ha caído esa breva y nada así de interesante ha pasado. Me encuentro con crisis, más crisis, más despidos, más paro, y más empresas golfas que, con la excusa de la crisis, pues largan gente y gente, sin que los directivos se bajen los sueldos, que tampoco es plan, que para eso son cabezas pensantes, como los trípodes marcianos.

También descubrí que siguen los espías en Madrid, que ya no sé muy bien a quién espían, y ya me pierdo con los que espían, o los que son espiados, o si se espían unos a otros, o indistintamente. La verdad es que en aquellos añorados tiempos del Telón del Acero, las cosas eran mucho más fáciles, y los espías que surgían del frío eran más sugestivos, en todos los sentidos. Quizás, lo más interesante de las noticias, y que me hace albergar esperanzas de un Apocalipsis que provoque una distopía en la que cuelgan de la Verga del Palo Mayor a los que en un vagón de metro escuchan a todo meter música con el móvil (bendito teléfono fijo de cable, con aquella rueda que giraba y tardabas dos horas en marcar un número), como decía, lo más interesante que leí fue la invasión de una plaga de conejos gigantes y mutantes que, además, le dan al fornicio a una velocidad vertiginosa, desmayándose tras la cópula (fascinantes bichos). Lo malo es que las únicas consecuencias que preveo ante tan peculiar amenaza de Andrómeda, es que el conejo al ajillo ahora será más carnoso.

Sin embargo, de pronto, cuando ya iba a cerrar la página del periódico y meterme en el porno, donde nunca hay novedades serias, me encuentro de manera casual un vídeo que, al parecer, han realizado las juventudes del PP vasco dándole caña a Ibarretxe, el hombre de Venus que dice eso de vascos y vascas, amigos y amigas, abertzales y abertzalas. Resulta que los peperos se han inspirado en un vídeo que circula por la Red, con un enorme éxito, y que lo protagoniza un tal Carlos (a partir de ahora, uno de mis ídolos particulares), en una mañana de resaca en la que un amigote le graba con la cámara, y en la que explica ante ella cómo una vil mujer le ha dado calabazas delante de cuatro elementos la noche anterior, y le ha soltado a la cara “Contigo no, bicho”. El vídeo, pero sobre todo, el monólogo del tal Carlos, me parecen para enmarcar. Tal palo sólo se puede tomar con humor, y esto lo ha hecho este crack, y a su vez me ha hecho recordar mis humillaciones particulares, que me dejaban muy hundido, pero que con el tiempo me las he ido tomando con humor, qué remedio, oigan. Así que no me resisto a contar una de las peores (por no decir que la peor) historias de la noche que me ocurrió no hace mucho tiempo. Es una bonita y autodestructiva historia de mis 101 historias. Omitiré nombres, ya que uno es un caballero, y, además, uno de los protagonistas es un amiguete de servilleta que, aquel día, o mejor noche, me sentí como tal, o sea arrugado y para tirar a la papelera.

Resulta que una noche de hace ya dos años, más o menos, porque cada mañana que me levanto me veo un par de neuronas en la almohada, además de alguna babilla; pues como decía, una noche de hace no excesivo tiempo, estaba tomando amigablemente unas cervezas con unos amigos en una cervecería del tipo alemana. Las cervezas, obviamente, fueron abundantes y ya salimos de allí camino de otro bar haciendo honor a sus inventores, que como ustedes saben fueron los habitantes de Mesopotamia, esos a los que no hace mucho invadieron amablemente los inventores del Burguer King. El caso es que íbamos ya con una toña importante, en especial un entrañable amigo que, al ver unas damiselas solitarias, se acercó a ellas para hablar del tiempo y la situación del Euribor. Este buen amigo en el fondo esperaba a otra chica, pero como es muy desprendido, entró a las buenas señoras para hacernos un favor a esos que como yo, pasan de ligar en bares, entre otras cosas porque estoy un poco sordo y no sé si con el ruido me dicen que "estoy muy bueno", o si, al contrario, quieren decir "buenooooo con el que estoy". El caso es que un tercer amigo, y servilleta, pues nos pusimos a departir amablemente con las bellas señoritas. La verdad es que bella, bella, era una de ellas, lo cual siempre plantea un problema. La amiga no tan bella (tampoco es que fuera un horror) tenía la mirada cruzada, y eso es mal asunto, porque era más rara que Quintero entrevistando a su perro. Como mi amigo y yo somos unos gentleman deportivos, tampoco nos dábamos codazos por ligarnos a la guapa, aunque en el fondo de nuestras almas nos gritásemos que ése era el objetivo. El caso es que a lo tonto nos quedamos solos con ellas, mientras el resto de amigos habían desaparecido, y esto ya se quedaba en un claro mano a mano.

Mientras mi amigo mantenía una conversación seria con la guapa, en la que nos enteramos de que era una chica comprometida que le gustaban los niños, y que trabaja en una guardería, su mundo, su pasión. Yo mantenía absurdas disquisiciones, creo recordar, sobre que Herodes en el fondo siempre fue un incomprendido y un maltratado por la historia. Pensando que me iba a mandar a recoger ajetes, el caso es que no, y parecía que incluso se reía, no sé si por pena, o por este mundo políticamente correcto (yo creo que no entendía mi humor). A todo esto, la rubia nos contaba cosas sobre la radio deportiva donde trabajaba y unas extrañas movidas sobre el periodismo, donde al parecer cuecen habas, como en cualquier otra cocina. Estaba claro que uno se llevaría a la tierna y guapa, y al otro a la loca y rara.

Al cabo de un rato, las dos se ausentaron juntitas al baño que, como todo el mundo sabe, es el cuartel general de campaña avanzado de toda mujer en batalla. Nosotros nos quedamos en la barra comentando que la tierna molaba, pero que no tenía pinta, ni daba señales, de elegirnos a uno de los dos. El caso es que regresaron, cayeron un par de copas más, y surgió el qué hacemos ahora. La tierna, mona y comprometida intentaba convencer a su amiga de ir a su casa y allí comer algo. Así que por fin, nos fuimos, y cogimos el coche de la rubia. Pero ésta, al llegar a la calle de la amiga, empezó a decir que se quería ir a casa, que vivía lejos, que era muy tarde, y que vamos, que el “Alea jacta est” para ver quién se ligaba a la tierna se iba al mismo lugar que la burbuja inmobiliaria, o sea a la mierda.

La amiga arrancó el coche, y allá que se marchó con su pedete, así que nos quedamos el amigo, yo y la tierna. Lo del trío no es algo que me pase por la cabeza con un amigo, más que nada por si de repente la cosa se pone monótona y en el mete y saca nos ponemos a hablar de la Liga, o del plan de reflote de los bancos. Ya sin plan, y con la tierna que se subía a casa, y como no había dado señales ni visos de acercamiento a ninguno, pues la acompañamos al portal, como caballeros que somos. Una vez allí, nos dimos los teléfonos y un par de besos, con la intención de vernos otra vez para que nos contase la evolución de la tierna infancia apañola que, algún día, nos mantendrá. Fue entonces cuando sucedió. Algo que pasará a los anales de mi historia oscura con las mujeres, y mira que es oscura. Algo que ocupa el top 5 de mis humillaciones, emulando al gran Nick Hornby. Al abrir el portal (que encima era con barras de acero forjado), y decirnos adiós, giró la cabeza hacia mi amigo y soltó una frase que todavía resuena en mis oídos: “tú te subes, claro”. Y mi amigo, pues se subió, claro, y me cerraron la puerta del portal con barras de hierro forjado en las narices. Camino de casa, iba pensando que por qué los trípodes marcianos no atacaban de una puta vez, hombre.

Al día siguiente, mi amigo me llamó para disculparse y decirme que sentía lo ocurrido, pero que estaba muy necesitado. Uno, que es comprensivo, lo entendió y soltó el típico y absurdo, hoy por ti, mañana por mí (y un cojón de pato). El caso es que saque un par de lecciones de tan portalera situación, que me han hecho aún más razonable y mejor persona:

1. No es conveniente bromear ni hacer chistes de Herodes a una tierna, mona y sensible empleada de guardería.

2. No podías haber tenido un poco de sensibilidad y haber esperado a que nos fuéramos y, ya que nos pediste el móvil, haberle llamado para que se volviese sin darme con la puerta de barras de hierro forjado en las narices... ¡¡¡CACHO PERRA!!!

Pues eso, ojo con los portales de noche, que los carga el diablo.


3 comentarios:

fritus dijo...

oigame...que me ha encantado este post, pero un montón...que coincido con ustezz en muchas cosas...

-en que esta crisis es muy rara, y que las estadística del INE dicen que en el pasado 2008 se doblaron los beneficios empresariales, pero se mantuvieron los salarios...igual otro gallo nos cantaba si fuera al revés, con un montón de consumidores teniendo dinerito pa gastar en vez de unos capitalistas que ya han colocao en ladrillo, invendible hoy, todos sus excedentes...

...en que las espías de antes son más sugestivas...ande esté la Ursula Andress de desde Rusia con amor que se quite el espantajo de la Espe
...en que a las mujeres no hay quien las entienda y al que no le han plantao que tire el primer canto rodao...servidor de usté recuerda una noche de Sant Joan con dieciocho tiernos años...serían las dos de la madrugada y servidor se estaba dando piquitos con una hermosa moza de mi facultad...cuando me voy, caballero que es uno, a buscar dos moskoskayas con limón...diez minutos me llevaría la operación de llegar hasta la barra, sortear al personal borracho casi a codazos, pedir, pagar y volver con un vaso en cada mano...fueron tiempo suficiente para volver a encontrarme a la misma elementa metiendole la lengua hasta la laringe a un desconocido.c'est la vie, que dicen los fganseses.
Lo que son las cosas...todo lo que no ligué de jovencillo, delgado y con pelo...me lo comí de los 27 a los 30, esos adorados años crápulas...un poco más puesto en kilos y con el craneo como una bola de billar...¿why? ni puta idea oiga, pero me huelo que en público todas dicen que les gustan tiernos y dulces como James Stewart, pero de verdad de la buena les gustan cabrones como Robert Mitchum. Lo que yo le diga, maifrén...y que conste, como cantaba Manolo García, que se lo digo de muy buena fe.
un abrazo.

Belén dijo...

Jajaja.
Antes de nada señor Visedo darle las GRACIAS por sus relatos, por hacerme más risueñas estas mañanas de trabajo sin fin que últimamente tengo.

Por cierto, a mi también me han dicho "contigo no bicho" en alguna ocasión... Quizá no con esas palabras pero casi casi... Jajajajajaja. Y no hace tanto...
Y eso que todavía no tengo arrugas, veremos cuando la gravedad comience a atacar...

Besitos

Yo soy aquél. dijo...

Eres el puto amo. Me he reído con esta entrada como nunca.
"Tú te subes, claro"
Cómo se puede hacer tanto daño con tan pocas palabras sin utilizar tacos. Esa tía de tierna no tenía nada.